Por el derecho a defender nuestros derechos

Rosalinda Dionisio Sánchez

La labor de las y los defensores comunitarios en Oaxaca se ha convertido en un riesgo potencial, el caso de Rosalinda ejemplifica esta situación. Originaria de San José del Progreso, Ocotlán Oaxaca, fue sobreviviente de un atentado junto con sus dos compañeros de la Coordinadora de Pueblos Unidos del Valle de Ocotlán el 15 de marzo de 2012. El atentado se perpetró en la carretera federal que conduce a su comunidad, en una noche que seguramente nunca podrá olvidar. Las lesiones físicas y psicológicas que sufrió le provocaron que estuviera en riesgo de perder una de sus piernas, a la fecha y después de intervenciones quirúrgicas, todavía no logra su total recuperación.

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Rosalinda es una joven que se ha comprometido con la defensa de los derechos de su comunidad y los derechos de la madre tierra, la lucha es de enormes dimensiones, pues no solo se enfrenta al poder de los grandes capitales internacionales relacionados con la extracción de oro y planta, sino a todo una sistema de procuración de justicia, de servicios de salud, de gobierno, que lejos de garantizar la protección de los derechos de las personas, los asfixia en un mar de indiferencia, burocracia, discriminación e impunidad. Rosalinda no recibió por parte de los sistemas de salud una atención médica y psicológica adecuada, a pesar de que el Gobierno del Estado de Oaxaca se comprometió a brindarla. Las acciones preventivas para garantizar su integridad física y su vida aunque prevalecen no son las adecuadas, (teléfono celular y un guardia permanente). El proceso judicial contra los agresores no ha presentado avances a casi un año de los hechos y las distintas instancias públicas de Derechos Humanos han manifestado su interés por el seguimiento de caso, pero sin resultados concretos.
Hoy Rosalinda seguramente ve la vida de otra manera, continúa en la lucha, está estudiando en la universidad para ser abogada, es una de las líderes de la Coordinadora, es parte de una familia oaxaqueña que siempre le ha brindado amor y apoyo. Continúa siendo parte de una comunidad, que aún cuando en los momentos más difíciles pudo abandonar no lo hizo, le representa su identidad, sus raíces, su amor la tierra, sus relaciones comunitarias, y que a pesar de la división, del debilitamiento del tejido social, sigue siendo el horizonte de la vida.
Para las mujeres como Rosalinda son necesarios los reconocimientos por su labor, porque con sus acciones ha visibilizado el aporte de las mujeres en la vida de la comunidad, en la organización social, en la política, y más allá porque sus propios esfuerzos van enfocados a una transformación profunda de las relaciones de poder, de una cultura excluyente, de un sistema económico depredador. Gracias Rosy, por tus esfuerzos diarios.

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