Por el derecho a defender nuestros derechos

Niños en el centro de la tormenta

Familias resisten frente a la entrada de una mina de Exmingua. La motivación es la niñez.

Daniela Castillo dcastillo@elperiodico.com.gt

 

Foto:  Carlos Alonso > elPeriódico

Un niño juega frente a la entrada del proyecto minero El Tambor, ubicado en el límite de San José del Golfo y San Pedro Ayampuc en Guatemala. El proyecto pertenece a la empresa minera Exmingua. Jugaba con su camión de juguete en la tierra, aquí solo se permiten camiones a escala para que los niños puedan seguir jugando. Los grandes no, esos no pasan.

Justo atrás, un camino de tierra que se esconde entre la montaña, un portón rojo cerrado con candado. El niño juega frente a la entrada, los demás niños corren, ríen y juegan alrededor. Las mujeres y los hombres vigilan, están alerta. Llevan 2 meses y unas semanas en resistencia frente a la entrada del proyecto minero El Tambor (Progreso 7 Derivada) ubicado en el límite de San José del Golfo y San Pedro Ayampuc. El proyecto le pertenece a la empresa minera Exmingua (Exploraciones Mineras de Guatemala, S.A.) la que a su vez es subsidiada por la empresa canadiense Radius Exploration Ltd.

“Yo estoy aquí por los niños, esto es tragedia no progreso”, comenta una de las mujeres en la resistencia.

Hace calor, es un área seca y la mina utilizaría enormes cantidades de agua en los pozos que tiene previsto perforar. Según los pobladores un pozo utilizaría un aproximado de un galón de agua por segundo para la extracción de oro y plata. Un río pasa por el área en el que esta ubicada la mina y lleva agua a dos aldeas más. Si el agua llegara a contaminarse o el río llegara a secarse, sería un grave problema para la salud de las familias que habitan estos lugares.

Selvin Morales, el actual gerente general de Exmingua, durante una visita que se realizó a la mina con gente de la comunidad, representantes del Ministerio de Energía y Minas, un diputado de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y representantes del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, resalta que “no se va a usar cianuro, solo algunos detergentes” y que no va a comprometer “la capacidad de agua de esta comunidad”.

“Lamentablemente Selvin Morales no tiene ética profesional, porque él, siendo el director general de Minería, del Ministerio de Energía y Minas, en su momento empezó a tramitar la licencia para esta mina y ahora es el gerente general de Exmingua. Nosotros no estamos con los ojos cerrados”, comenta Yoli Oqueli, vecina activa de la resistencia en San José del Golfo.

El 8 de mayo, durante la madrugada, llegó un convoy de maquinaria escoltado por aproximadamente 45 radiopatrullas, 400 elementos de la Policía Nacional Civil y 2 camionetas de antimotines.

“Querían entrar a la mina, les pedía de corazón que se fueran, no queremos violencia”, dice una vecina.

“Pedían placas de carros, había patrullas por todo el camino. No dejaban pasar, tenían armas, querían rodearnos. A un muchacho que tomó fotos le quitaron la cámara y le borraron las fotos”, agrega un vecino.

“Se metieron a terreno privado. Tiraron cercos, no es cierto que quieren diálogo, nunca han dado la cara. Quieren dialogar con solo una persona, no con todos, aquí lideres somos todos”, comenta una señora.

Ella pregunta, “¿Por qué vienen con antimotines a tratarnos como basura?”

En el 2002 el Ministerio de Energía y Minas le otorgó la licencia de exploración a Exmingua. En el 2007 se hizo un túnel de 200 metros.

“En toda licencia de exploración y reconocimiento no puede haber ninguna obra de construcción”, dice Carlos Mejía, diputado del partido URNG Maíz, “este túnel es una violación flagrante a nuestra ley y no debió haberse permitido, esto bastaba para tener un argumento de violación para cancelar incluso la licencia de exploración”.

La ley de minería establece que hay tres tipos de licencia: de reconocimiento, exploración y explotación.

Selvin Morales explica que “hay varios métodos de exploración” que se dividen en tres fases, la última es la de perforación, “hay proyectos que necesitan de un túnel de exploración”.

“En ningún momento se explotó”, agrega un ingeniero que trabaja para Exmingua.

Francisco Quan, del departamento de Control Minero responde que “la ley no lo estipula, no dice no hacerlo ni sí hacerlo”.

Los rostros de los comunitarios están indignados.

Un representante de la empresa contratista se dirige a los pobladores y dice, “el proceso de ahorita no tiene nada que ver con minería, es una obra totalmente de construcción que se hace igual para una planta de explotación y tratamiento de oro como se hace igual para un centro comercial al que todos asistimos”.

Entre las verdes montañas que los rodean no existe ni un solo centro comercial. Es un área de agricultura, donde se siembra frijol y milpa, por eso en este lugar defienden la tierra.

La licencia que se les otorgó tiene una fase de explotación de 25 años, pero la empresa asegura que solo van a explotar 5 o 7 años.

“Es un tiempo corto en años que el proyecto se cierra y va llegar una etapa en la que esta empresa reforesta y lo deja en las mismas o mejores condiciones que antes”, dice Morales.

Según Morales, Exmingua tiene previsto explotar 150 toneladas de oro al día, dejarlo en bruto, pesarlo, pagar las regalías al Gobierno y enviarlo a Japón en donde se inicia el proceso para transformarlo en lingotes.

Los vecinos escuchan escépticos. La destrucción al medio ambiente es evidente desde donde todos están parados y eso no se puede esconder con palabras.

“Nosotros empezamos la resistencia porque ya estábamos cansados de tantos atropellos de la empresa minera que venía a hacer las cosas sin consultarle a la comunidad, incluso hasta el día de hoy”, comenta Yoli.

“El pueblo no se va a retirar mientras no haya una consulta comunitaria”, dice un vecino.

La consulta comunitaria es un derecho. En el convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Número169 se establece que “se reconocen las aspiraciones de los pueblos a asumir el control de sus propias instituciones y formas de vida, de su desarrollo económico y a mantener y fortalecer sus identidades. Recordando la particular contribución de los pueblos indígenas y tribales a la diversidad cultural, a la armonía social y ecológica de la humanidad y a la cooperación y comprensión”.

En las comunidades alrededor de la mina no se hizo ninguna consulta comunitaria. Llego el día en que de repente el territorio fue vendido e invadido por maquinaria.

“A nuestros recursos naturales como pueblo tenemos la harta obligación de defenderlos, luchar por ello y defendernos como ciudadanos de una invasión extranjera, ya lo dice nuestro himno”, comenta uno de los vecinos que participa en la resistencia.

Afuera de la mina los niños siguen jugando, se oyen las risas, la comunidad se aglomera frente al portón y se entona …“si mañana tu suelo sagrado lo amenaza invasión extranjera, libre al viento tu hermosa bandera a vencer o a morir llamará… que tu pueblo con ánima fiera antes muerto que esclavo será… nunca esquivan la ruda pelea si defienden su tierra y su hogar, que es tan solo el honor su alma idea y el altar de la patria su altar…”

Los niños salen corriendo y continúan el juego de la infancia y como dice Galeano “ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”

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